Láminas
El poema
No debería / andarme / con mil ojos / pa' darnos / unos besos / en la calle.
Ni para estar / una tarde / en la piscina / mil ojos / en mi cuerpo.
Que si me ando / con mil ojos / es pa' que no duelan / los ojos que me juzgan.
Me transformé / sin permisos / -en eso que llaman / monstruo- / y vi el mundo / de mil formas, / con mil ojos.
Y si sufro, / me ando / con mil ojos, / porque mi sangre / les da miedo.
Así que no, / no debería / andarme / con mil ojos / pa' exitir / en la calle / con alguien / que me quiera.
Sobre el poema
El poema “Andarse con mil ojos” habla de la hipervigilancia constante que experimentan los cuerpos e identidades queer en espacios públicos. Cada “ojo” representa la sensación de ser observados y juzgados constantemente por la sociedad. Sus versos reflejan la tensión entre el deseo de vivir y amar libremente y la necesidad de protegerse frente a miradas y juicios opresivos.
El poema también aborda la transformación personal forzada por el miedo y la discriminación, y cómo estas experiencias moldean la percepción del mundo, creando una forma de resiliencia a través de la vigilancia y la autodefensa. En conjunto, es un poema sobre la vulnerabilidad, la resistencia y la necesidad de visibilidad en un contexto que puede ser hostil.
Intervenciones en la calle
El poema toma sentido cuando se apropia del espacio público, cuando la gente que pasea por la calle choca con esa realidad se identifica o la piensa o le incomoda o le enfada. Así como pasa con las personas queer: a veces nos quieren borrar, otras nos admiran y otras simplemente somos una más entre tantas.

